Peligros de usar el chupete después de los 18 meses

chupete

El chupete es uno de los objetos más comunes durante la primera etapa de la infancia. Muchos padres lo usan porque ayuda a calmar a sus hijos cuando lloran, tienen sueño o están nerviosos. Funciona rápido, y por eso se convierte en una herramienta útil para muchas familias.

Sin embargo, lo que a veces no se sabe es que usar el chupete durante mucho tiempo puede traer consecuencias negativas para el desarrollo del niño.

 

¿Por qué se recomienda dejar el chupete antes de los 18 meses?

Durante los primeros meses de vida, el chupete puede tener beneficios. Ayuda a calmar el llanto, facilita el sueño y puede reducir el riesgo de muerte súbita en bebés menores de un año. Pero estos beneficios desaparecen con el tiempo, y a partir de los 12 a 18 meses, empiezan a aparecer los posibles problemas.

A partir del año y medio, el niño ya tiene otras formas de calmarse, comunicarse y dormir. Si sigue usando el chupete más allá de esa edad, puede empezar a depender de él para todo. Además, su cuerpo y su boca están creciendo, y la presión constante del chupete puede afectar a los dientes, la mandíbula, el paladar e incluso al habla.

Los odontopediatras y pediatras recomiendan que el uso del chupete se reduzca progresivamente a partir del año y se elimine del todo antes de los dos años. Pero lo ideal, según muchos expertos, es retirarlo entre los 12 y los 18 meses.

 

¿Qué pasa si el chupete se usa solo para dormir?

Muchos padres piensan que si el chupete solo se usa por la noche no hay tanto problema. Y aunque es cierto que limitar su uso es mejor que permitirlo durante todo el día, usarlo solo para dormir después de los 18 meses también puede afectar.

Cuando el chupete se mantiene durante muchas horas seguidas, como ocurre durante el sueño nocturno, sigue ejerciendo presión sobre el paladar y los dientes. Aunque el niño no lo use durante el día, si duerme ocho o diez horas con él, el efecto sobre su boca y su mordida puede ser igual de dañino que si lo usara todo el día.

Además, cuando el chupete es parte del ritual de sueño, quitarlo más adelante puede ser más difícil. Muchos niños desarrollan una dependencia emocional al objeto, lo que complica aún más su retirada. Por eso, también es importante eliminarlo de la rutina de noche cuando llega el momento adecuado.

 

Consecuencias del uso prolongado del chupete

Usar el chupete después de los 18 meses no es igual que usarlo durante los primeros seis meses. La Clínica Dental Smile Me, clínica con amplia experiencia en el sector, nos explica que, a medida que el niño crece, sus dientes van creciendo también con él, así como sus huesos faciales, sus habilidades sociales y el lenguaje.

Si el chupete sigue presente en esta etapa, puede interferir en ese desarrollo natural.

 

  1. Problemas dentales

Uno de los problemas más comunes del uso prolongado del chupete es la alteración en la posición de los dientes. Los dientes de leche pueden empezar a salir torcidos o en posiciones incorrectas debido a la presión constante del chupete.

  • Maloclusión dental: Este término se refiere a la forma en que encajan los dientes superiores e inferiores. Cuando el chupete se usa demasiado tiempo, puede provocar que los dientes no se alineen bien. El tipo más frecuente de maloclusión asociada al chupete es la mordida abierta: los dientes delanteros no se tocan al cerrar la boca, lo que afecta tanto la estética como la función masticatoria.
  • Deformación del paladar: El uso prolongado también puede modificar la forma del paladar. Este puede hacerse más estrecho o más profundo. Un paladar mal formado puede afectar la respiración nasal, la posición de los dientes permanentes y el habla.
  • Cambios en la mandíbula: La succión constante también puede afectar el crecimiento de la mandíbula. Puede provocar que esta crezca de forma descompensada, lo que con el tiempo puede requerir tratamientos de ortodoncia.

 

  1. Problemas del lenguaje

El chupete interfiere en el desarrollo del habla si se usa con frecuencia durante los momentos en que el niño debería estar practicando sonidos, palabras y frases. Si el chupete está en la boca muchas horas al día, el niño tiene menos oportunidades para hablar, y eso puede retrasar su desarrollo del lenguaje.

Además, la forma en la que el chupete afecta a la boca y a la lengua puede provocar dificultades para pronunciar ciertos sonidos. Por ejemplo, puede dificultar la correcta colocación de la lengua para decir las letras “s”, “r”, “t”, entre otras.

Algunos niños necesitan ayuda de un logopeda para corregir estas dificultades, y muchas veces el tratamiento empieza justo después de dejar el chupete.

 

  1. Riesgo de infecciones

Usar el chupete de forma prolongada también puede aumentar el riesgo de infecciones, sobre todo en el oído medio. Esto se debe a que la succión constante puede alterar el funcionamiento de la trompa de Eustaquio, que conecta la nariz y el oído.

Estudios han mostrado que los niños que usan chupete más allá de los 18 meses tienen más episodios de otitis media que los que no lo usan o lo dejan antes. Además, si el chupete no se limpia bien o se comparte con otros niños, puede ser una vía de entrada de gérmenes a la boca.

También puede haber infecciones bucales si el chupete se introduce en sustancias dulces, como miel o jarabe. Esto puede provocar caries y acumulación de bacterias.

 

  1. Dependencia emocional

El chupete, cuando se usa con frecuencia para calmar al niño, puede convertirse en un objeto de dependencia. El niño lo busca cuando está cansado, aburrido, nervioso o enfadado. Aunque esto es normal en etapas tempranas, si se alarga en el tiempo puede dificultar que el niño aprenda a calmarse solo.

Aprender a gestionar las emociones forma parte del desarrollo. Si el chupete está siempre presente, el niño no practica otras formas de consuelo, como hablar, respirar profundo, o pedir ayuda a un adulto. Con el tiempo, esto puede afectar su autonomía emocional.

 

¿Qué recomiendan los profesionales?

Muchos especialistas coinciden en que lo mejor es dejar el chupete antes de los dos años, y si es posible, a partir de los 12 o 18 meses. A esa edad, el niño ya puede dormir sin el chupete, comunicarse con palabras simples y buscar consuelo en otros objetos o personas.

 

Las recomendaciones más comunes son:

  • Reducir su uso a partir del año. Solo usarlo para dormir o momentos puntuales.
  • Evitar el chupete cuando el niño está despierto y jugando. Así se fomenta el habla y la comunicación.
  • Nunca mojar el chupete en sustancias dulces. Esto solo favorece las caries.
  • Revisar el estado del chupete con frecuencia. Si está roto, hay que desecharlo.
  • Retirarlo por completo entre los 18 y 24 meses. Cuanto antes, mejor.

 

¿Cómo quitar el chupete?

La retirada del chupete puede ser sencilla o difícil, según cada niño. Hay niños que lo dejan sin problema, y otros que lo piden durante semanas. Lo más importante es ser constantes y ofrecer alternativas para calmar al niño.

 

Método gradual

Muchos padres optan por reducir poco a poco el uso. Por ejemplo, si el niño lo usa todo el día, empezar limitándolo solo a las siestas y la noche. Después, solo por la noche. Y finalmente, eliminarlo por completo.

Este método puede durar semanas, pero permite una adaptación progresiva.

 

Método directo

Consiste en quitar el chupete de forma repentina. Algunas familias lo hacen aprovechando un evento, como un cumpleaños o el inicio del jardín de infancia. Otros lo hacen con historias como “se lo damos al hada de los chupetes” o “ahora eres mayor y ya no lo necesitas”.

Este método puede causar llanto o rabietas durante unos días, pero si se mantiene la decisión, los niños se adaptan pronto.

 

Sustitución por otro objeto

Otra opción es ofrecer al niño un objeto que lo acompañe en los momentos de calma, como un peluche, una manta o una luz nocturna. Así se le ofrece seguridad sin necesidad del chupete.

 

¿Qué hacer si ya es tarde?

Hay familias que no logran quitar el chupete antes de los 2 años, y eso no significa que hayan fracasado. A veces las circunstancias no lo permiten, o el niño tiene una necesidad más fuerte de succión. En esos casos, lo mejor es actuar cuanto antes.

Es recomendable acudir al odontopediatra para revisar si el uso del chupete ha afectado la mordida o la forma del paladar. También se puede consultar a un logopeda si el niño tiene dificultades para hablar o pronunciar.

Lo importante es no esperar a que el niño “lo deje solo”, porque en la mayoría de los casos eso no ocurre. Es necesario que los adultos tomen la decisión y ayuden al niño a hacer el cambio.

 

El chupete puede ser útil en los primeros meses de vida, pero su uso prolongado puede afectar al desarrollo del niño

A partir de los 18 meses, los riesgos aumentan, y es importante empezar a retirarlo para evitar problemas dentales, del habla, emocionales y de salud.

Quitar el chupete no siempre es fácil, pero con paciencia, constancia y cariño, todos los niños pueden lograrlo. Y cuanto antes se haga, mejor será para su salud y bienestar.

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