Microbiota: más allá del intestino

Tradicionalmente conocida por gran parte de la sociedad como flora intestinal, la microbiota, como se la ha denominado en los últimos años, no se encuentra solo en nuestras tripas. El microbioma, está en todas partes. En mayor o menor medida, forma parte de todo el organismo, siendo una de sus paradas, el sistema respiratorio. Aunque es más frecuente escuchar la relación existente entre intestino y cerebro, lo cierto es que intestino y pulmones, se comunican de forma continua.

Las últimas investigaciones realizadas en torno a la microbiota, han dado como resultado, una comprensión mayor y algo diferente, sobre el funcionamiento de nuestro organismo. En particular, a esta conexión existente entre pulmones e intestino, se la denomina como eje intestino-pulmón. Ambas partes del cuerpo son órganos mucosos, siendo el primero el encargado de absorber los nutrientes de los alimentos y, el segundo, el que se ocupa de absorber los gases del aire, como el oxígeno, sin el cual no se puede vivir.

Nuestros pulmones cuentan con su propia microbiota respiratoria. Un conjunto de microorganismos, compuesto por bacterias, virus y hongos, que habitan en las vías respiratorias, tanto inferiores, como superiores. Estos microorganismos, desempeñan un papel esencial en la defensa del cuerpo contra las infecciones, el mantenimiento de la inmunidad y, por supuesto, la salud general del sistema respiratorio.

Aunque en la actualidad existe un gran conocimiento sobre el intestino y su microbioma, el de los pulmones, sigue siendo un misterio para una inmensa mayoría. Razón por la que vamos a adentrarnos en este aspecto y conocer un poco más, sobre cómo la microbiota pulmonar y la intestinal, se relacionan, proporcionando al organismo una fuente de defensas. En otras palabras, podemos decir, que la microbiota respiratoria, compone un escudo invisible en las vías aéreas, lo que supone una protección frente a las infecciones y patologías respiratorias.

Los pulmones y su microbiota

Como decíamos, en la actualidad se tiene un gran conocimiento sobre el intestino y su microbioma. Durante mucho tiempo, la misma comunidad científica, ha creído que los pulmones no poseían vida microbiana. Ahora, como nos cuentan en Probactis, como proveedores de probióticos y enzimas que conocen ampliamente el mundo del microbioma, los expertos, aseguran que la mucosa pulmonar, es un edén de bacterias, hongos y virus. Eso sí, esta amplia diversidad de microorganismos, es menor que la intestinal.

El microbioma respiratorio se renueva continuamente y es dinámico, a consecuencia de la respiración y los movimientos de su mucosa. De manera que la ciencia, está encontrando formas únicas en las que la microbiota puede afectar a la salud. De hecho, la comunidad microbiana de los pulmones es esencial para la salud respiratoria, puesto que ayuda a regular la respuesta inmune y la defensa contra los patógenos dañinos. Esta microbiota, se adquiere y forma durante los dos primeros años de vida, ganando resistencia con el paso de los años y ofreciendo una excelente barrera contra los patógenos.

De forma tradicional, se creía que el sistema respiratorio, era independiente del sistema digestivo, lo que desmienten las investigaciones más recientes. En las que se ha demostrado que existe una compleja red de comunicación entre estos dos sistemas, al que se ha denominado eje intestino-pulmón. Dicho de otra manera, esta comunicación bidireccional, quiere decir que el intestino influye en los pulmones y los pulmones, en el intestino. Lo que implica que las personas que padecen una infección pulmonar vírica, como puede ser la gripe, suelen presentar a su vez, síntomas gastrointestinales. Aspecto que enfatiza lo importante que resulta tener en cuenta a pulmones e intestino, cuando se aborda una dolencia respiratoria. Teniendo en cuenta que una microbiota intestinal sana, garantiza que las células inmunitarias que forman parte de los pulmones, funcionen de forma correcta.

Sobre la conexión existente ente la microbiota intestinal y las diversas enfermedades respiratorias, podemos decir que, aunque la inflamación aguda (consistente en una respuesta inmunitaria para combatir a los agentes patógenos), es una respuesta necesaria ante la infección, la inflamación crónica, puede implicar efectos perjudiciales en la función pulmonar, al desencadenar el desarrollo y la progresión de una enfermedad. La microbiota pulmonar alterada está asociada a la progresión de dolencias de carácter respiratorio. Todavía queda mucho por estudiar para conocer si existe una relación causal entre la aparición de la enfermedad y la relevancia para poder abordar los síntomas.

Una de las enfermedades respiratorias más conocidas es el Asma. Este trastorno inflamatorio crónico, se caracteriza por la inflamación de las vías respiratorias, sus síntomas son sibilancias y dificultad al respirar. Las pruebas más recientes llevadas a cabo, sugieren la existencia de una alteración en la composición de la microbiota intestinal, a lo largo de los primeros años de vida, la cesárea, el uso de antibióticos o un entorno en extremo limpio, puede aumentar el riesgo de sufrir asma.

Otro ejemplo es EPOC, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, caracterizada por la limitación en el flujo de aire y los síntomas respiratorios. Aunque el tabaquismo se considera uno de los factores de riesgo principales, existen investigaciones recientes que indican que una disbiosis en la microbiota intestinal, puede contribuir a que dicha enfermedad progrese.

La fibrosis quística, implica que se acumule tejido cicatricial en los pulmones, obstaculizando el intercambio gaseoso y la función respiratoria. Las causas concretas de la fibrosis siguen sin definirse, aunque se cree que la respuesta inmunitaria desregulada y la inflamación crónica juegan un papel relevante. Quienes sufren fibrosis quística presenta una microbiota intestinal diferente.

Microbiota y frío

Durante el otoño y el invierno descienden las temperaturas, aumenta la humedad y los cambios que se llevan a cabo en los hábitos de vida, conllevan alteraciones significativas en la microbiota, su equilibrio y su composición. Estos cambios, pueden explicar en parte, el hecho de que en las épocas más frías, se produzca un aumento en las enfermedades respiratorias como la gripe y el resfriado común o empeoren las patologías crónicas citadas anteriormente.

Como sucede con la microbiota intestinal, la microbiota respiratoria, compone una barrera de defensa natural, cuyas funciones son las siguientes:

  • Impedir que se produzca colonización de patógenos.
  • Estimular la respuesta inmunitaria innata y adaptativa, preparando al organismo para una respuesta eficaz ante los virus y bacterias.
  • Regular la inflamación de las mucosas respiratorias, evitando una respuesta exagerada como la que se produce en el asma.

Si se rompe el equilibrio, lo que se conoce como disbiosis, lo que se produce es una facilitación del crecimiento de microorganismos nocivos. Con la llegada del frío, se producen aspectos que influyen de forma directa en la microbiota respiratoria.

El descenso de la temperatura y el aumento de la humedad, debilitan esa barrera física. El aire frío es más seco, sobre todo en interiores con calefacción, lo que reseca la mucosa nasal reduciendo la producción de moco, lo que debilita la barrera física que supone frente a los organismos y facilita su adhesión y proliferación. Sin olvidar que el frío puede alterar el equilibrio de las especies bacterianas y favorecer la presencia de patógenos.

Por otro lado, se produce una menor exposición solar y baja la vitamina D. Esta vitamina es esencial a la hora de regular la inmunidad, por lo que su déficit conlleva una reducción de la capacidad del organismo a la hora de mantener una microbiota equilibrada y la respuesta ante la infección.

Durante las épocas frías, pasamos más tiempo en espacios cerrados con poca ventilación. Esto aumenta la exposición a virus y bacterias que se transmiten por otras personas, lo que permite la introducción de microorganismos externos que alteran la composición natural de la microbiota respiratoria.

Otro aspecto que cambia en esta época del año, es la dieta y el estilo de vida. La alimentación es menos variada y se ingiere menos fruta y verdura, afectando a la microbiota, reduciendo la diversidad bacteriana y debilitando las defensas naturales.

Todo esto produce una serie de consecuencias en base a la disbiosis generada en los meses fríos. Con el desequilibrio de la microbiota se aumenta el riesgo de que se produzcan infecciones respiratorias agudas, exacerbación en los pacientes crónicos, mayor inflamación local y disminución de la eficacia de las vacunas respiratorias.

Algunas estrategias que se pueden realizar para mantener y proteger la microbiota respiratoria durante los meses de frío pueden ser:

  • Mantener una buena hidratación, bebiendo suficiente agua para conservar la mucosa nasal húmeda y funcional.
  • Optimizar la dieta y consumir alimentos ricos en antioxidantes, probióticos y vitamina D, como el yogur natural, kéfir, pescado azul o verduras de temporada.
  • Vacunación preventiva.
  • Ventilar los espacios cerrados al menos diez minutos al día.
  • Evitar el abuso de los antibióticos, puesto que un uso inadecuado destruye las bacterias beneficiosas, favoreciendo que se produzca disbiosis.
  • Lavado nasal con agua salina que ayuda a limpiar la mucosa y restablecer el equilibrio.

En resumen, la microbiota respiratoria cuenta con un papel fundamental en todo lo relativo a la salud de las vías respiratorias. Durante las épocas más frías, aumenta el riesgo de infecciones y de padecer enfermedades respiratorias, por lo que resulta indispensable adoptar hábitos saludables para proteger este delicado ecosistema del cual, cada vez, sabemos más.

Comparte

Más visitados

Scroll al inicio